Hermano Frank

Ese dia, cuando cursaba el sexto grado, en que cada uno de los alumnos tuvimos que ponernos de pie para decirle a los demas lo que queriamos ser cuando fueramos mayores, fue un dia extraño.
Cuando me toco mi turno de hablar no supe lo que queria decir. Y lo que se me ocurrio fue: “Mmm, Creo que sere un neurocirujano.
¿Porque dije eso? !Que contrariedad! Lo dije porque nadie lo habia mencionado, y se oyo impresionante. Luego me sente, y me dije a mi mismo: ¿Neurocirujano? Yo no quiero ser eso.
El resto del dia me senti muy extraño porque todo lo que hice fue pensar en lo que queria ser. Fue un misterio, y no tenia ni la mas minima pista.
Esa noche, le pedi a Jesus que me que me diera alguna pista.
Siempre me ha gustado hablar con Jesus. Hablar con El y sentir que esta a mi lado. Hablar con El, en mis profundos pensamientos.
¿Neurocirujano? Nada paso. Lo que entendi de Jesus en mi oracion fue que siguieramos hablando de lo que podria hacer con mi vida.
Asi que nos pasamos el tiempo hablando de ello, en la secundaria y en el colegio.
Fue en el ultimo año del colegio en que asisti a un retiro de discernimiento cuando finalmente recibi aquella pista sobre lo que podia hacer con mi vida.
Estabamos rezando en la noche, en la capilla del centro de retiros. En la tenue luz de las velas, y en el silencio total de nuestras oraciones personales. Pense en lo que podria significar seguir a Dios en una vida de oracion.
La pista estaba frente a mi: los sacerdotes y hermanos de ese monasterio donde teniamos el retiro ya vivian esa vida. Observe la intensidad de su oracion, y senti ahi mismo que Dios me llamaba a vivir esa misma intensidad.
De ahi en adelante, no deje de asistir al monasterio por mi cuenta. Platicaba con el abad sobre mi vida, especialmente mi oracion. Hablamos de lo que se sacrifica y se gana cuando uno adopta una vida de oracion.
Cuando entre al monasterio, despues del colegio, senti una certeza de que este era el momento oportuno para renunciar a muchas cosas. Era el momento propicio para que yo empezara una vida de oracion y de comunidad con los monjes y sus laicos asociados.
Mi vida de oracion es una de las posibilidades en que uno puede ponerse al servicio de Dios y de los demas. Por todo el mundo, hay quienes pertenecen a comunidades religiosas y sirven de maneras diversas: cultivando su propia comida, construyendo cosas, compartiendo sus dones con otros. En esta diocesis: evangelizando a los nativoamericanos de las reservaciones, realizando trabajos astronomicos, ayudando a los migrantes, etc.
La pista que Jesus me dio cuando cursaba sexto grado fue que siguiera hablando con el sobre mi futuro y lo que podia hacer con el.
El tiene la misma pista para ti.
Sigue platicando con el sobre tu futuro.
Puedes saber mas sobre la vida religiosa cuando hables con la hermana Rina Cappellazzo de la diocesis de Tucson. Llamale al telefono 520-838-2524 y escribele un correo electronic a srrc@diocesetucson.org o da clic aquí para visitar su pagina